viernes, 2 de noviembre de 2012

Dishonored


El pasado mes de Octubre se lanzó al mercado Dishonored de la mano de Arkane Studios y distribuido por Bethesda. Es un FPS basado sobretodo en el sigilo y la táctica del jugador. Hace poco que lo terminé y estas son mis conclusiones.



La historia, no es, ni mucho menos, original. Te llamas Corvo y eres el guardaespaldas personal de la Emperatriz, que reside actualmente en Dunwall. Una ciudad llena de corrupción que tiempo ha fue digna de leyenda pero ahora está sumida por la peste, que se le atribuye a una oleada de ratas que asolan la ciudad.
La emperatriz te encarga una misión alejado de ella y Dunwall. Mientras estás fuera los cadáveres se amontonan por al enfermedad y surge un plan para asesinar a la emperatriz y echarte la culpa a ti. Con lo cual quedas deshonrado y relevado de tu puesto para ser castigado con la pena de muerte. Despues de mil torturas se te aparece en sueños "El Forastero" una emblemática figura, que no se sabe si es un Dios, o un demonio, que te otorga su marca en la mano izquierda. Esta extraña figura te regala sus poderes, y te pone en bandeja de plata la ansiada venganza...


Como veis el argumento está ya muy manido por innumerables obras, pero bueno, pasemos a otro apartado. Los gráficos. No son nada que no hayamos visto antes. De hecho no están ni a la altura de algunos juegos del 2012. Sin embargo esa mezcla de realismo con texturas Cell-Shading convence bastante y no le queda en absoluto mal. Da la sensación de estar en una película de dibujos animados para adultos. No está mal. Además el protagonista tiene un montón de animaciones diferentes a la hora de acabar con los enemigos, y estos a su vez también las tienen. La IA cumple. Los NPC's se mueven y actúan con cierta lógica, salvo en contadas ocasiones.


Continuemos con la jugabilidad. Es lo mejor del título y lo único que me llamó realmente al atención. Es magnífica. Los diferentes poderes que obtenemos tales como invocar ratas asesinas, lanzar un tornado para romper puertas o despedir a gente por los aires, teletransportarse de un lugar a otro con velocidades estelares, leer pensamientos, controlar personas y ratas para llegar a sitios supuestamente inaccesibles, etc... Además de ese apartado sobrenatural, tambien existen armas: Ballestas con flechas incendiarias, dardos somniferos, granadas, una pistola, etc...
Aun que la duración de disco es bastante corta,  mucho juego. Y es que, podemos jugar a Dishonored como si fuera un juego de acción convencional u optar por el sigilo y no ser nunca descubiertos. Podemos asesinar a todo lo que se mueva o no acabar con la vida de nadie. Al mas puro estilo de Deus EX o Metal Gear Solid. De hecho, los jugones criticaban al nuevo Deus Ex por tener que asesinar a los jefes de nivel si o si. Pero en el juego que ocupa la entrada de hoy, no. Podemos elegir un camino no letal para acabar con ellos o luchar en un encarnizado y difícil combate.
De hecho el juego variará según como actuemos. Asi pues si somos demasiado carniceros, la ciudad se verá sumergida en un estado de Caos que nos perjudicará gravemente haciendonos las cosas más arduas. Un exceso de cadáveres provocara que las ratas salgan de las cloacas en manda y maten a más gente, con lo cual al peste se extenderá y habrá mas "fuerzas del orden" y enemigos en el escenario. Sin embargo si somos cautelosos y no somos vistos, no pasará nada. Varía incluso el final del juego según seamos mas o menos asesino, asi que... ojito.




En fin, que aunque es un juego de acción en primera persona con un desarrollo lineal, hai para mucha imaginación.

La banda sonora cumple perfectamente su rol. Y la ambientación es sublime. Los escenarios son muy vivos y oscuros, contagiando de tristeza la pantalla en todo momento como símil de la corrupción y degradación de Dunwall. El mapeado está lleno de cloacas, tuberías por las que reptar, sombras en las que escondernos para sorprender al rival y salientes a los que agarrarnos para escabullirnos del mal. Indudablemente, se trata de un juego excelente que aporta algo de frescura al género. Como si de una novela corta se tratase.







Para ver, hay que creer.